"Estoy muy agradecida por avivar mi esperanza"

Karen Rivera

Karen Rivera, una joven madre de 28 años, nos cuenta cómo su hijo Matías, con tan sólo 2 años, fue víctima de quemaduras de segundo y tercer grado en sus glúteos y muslos, formando un queloide en la entrepierna. Luego de atravesar por serias dificultades, Karen encontró la solución a los problemas de su hijo en la Fundación del Quemado, un espacio que ella misma califica como “una bendición.” Su testimonio es una muestra de valentía, esfuerzo, dedicación y mucho amor.

¿Cómo ocurrió la quemadura de Matías?

Él estaba bajo el cuidado de mi madre, quien tuvo que salir por un momento y lo dejó a cargo a mi hermana. Ella, sin intención alguna, dejó una olla de agua con eucalipto hirviendo en medio de un pasillo. Entonces Matías salió al parque para jugar un rato en el patio, cerca donde mi hermana había dejado la olla. El niño tropezó y cayó sentado de espaldas encima del líquido hirviente.

Antes de llegar a la Fundación del Quemado ¿Cómo se encontraba Matías?

Tanto en la parte física como psicológica, Matías estaba muy afectado porque estuvo hospitalizado en la Unidad de Quemados Pediátricos de La Misericordia. El proceso fue terrible porque presentó un pre-infarto, lo que complicaba aún más su situación. Además, las curaciones debían hacerse mínimo 2 veces al día o cada vez que fuera al baño, debido a la ubicación de sus heridas, y las enfermeras no eran muy pacientes a la hora de cambiar los vendajes. Por esta razón, Matías salió muy traumatizado de esa clínica.

Y… ¿Cómo llegaron a la Fundación?

Recuerdo que 15 días antes del accidente, mi mamá asistía a Cáncer Coop ya que le habían practicado una operación luego de descubrir que tenía principios de cáncer en la piel. Después de que mi hijo se quemara, habló con su doctora, quien a su vez conocía a la doctora Mónica y ella nos dió la dirección de la Fundación. Cuando llegamos, ustedes estaban en la Semana de la Salud. Entonces… atendieron a mi mamá, que tenía una cicatriz en su brazo a causa de una quemadura del pasado, luego valoraron a Matías y desde ese entonces empezaron inmediatamente el tratamiento con él.

Después de empezar a recibir el tratamiento en la Fundación ¿Cuál fue la reacción de Matías? ¿Qué cosas han cambiado durante todo el proceso?

Al principio, no quería ver a los doctores, pues le asustaba mucho lo que le pudieran hacer debido al trauma que recibió en La Misericordia. Al llegar acá, el cambio fue muy bonito por varios motivos:

1. La atención física era casi personalizada gracias a la disponibilidad de las doctoras para atenderlo. Por ejemplo, la doctora de fisioterapia tenía tiempo para primero hablar con él, cuidarlo, explicarle lo que le iban a hacer, lo que no hacían en el otro hospital. Las cirujanas, por su parte, también nos explicaron qué pasaba con él, cómo eran las quemaduras, qué tipo de cirugías tenían que hacerle en caso de que las cicatrices no sanaran de la manera adecuada. Entonces, digamos que el cambio hospital a Fundación fue una bendición.

2. Digamos que él llegó en el momento preciso. Para toda la familia, esta situación fue muy terrible. Matías es el primer nieto y mi madre se sintió culpable de haberlo dejado solo. Ella quedó impresionada al ver sus heridas. Al salir del hospital, nosotros no le poníamos ropa interior porque el roce con la piel le incomodaba y hacia llagas. Todos lo sobreprotegíamos mucho por miedo a hacerle daño. Al llegar a la Fundación, las cosas cambiaron. La ayuda no sólo era para él, sino también para nosotros. Las doctoras nos enseñaron muchas cosas: nos decían que Matías no era el único niño quemado, que no debíamos generar en él una discapacidad o un complejo, que debíamos enseñarle a vivir su vida normal, es decir, educarlo sobre cómo utilizar su ropa interior, inculcarle el hábito de usar su faja conforme sus cicatrices iban madurando, le enseñamos a bañarse solo y demás. A partir de ahí, el proceso fue muy chévere porque todos empezamos a trabajar en esos aspectos con él y de la mano de las psicólogas y el área de trabajo social. Dejamos de cuidarlo tanto y le permitirnos vivir su etapa de niñez como la de cualquier otra persona.

3. Reforzamos su integridad y su autoestima para evitar que se viera afectado por posibles críticas a causa de sus cicatrices. Matías aprendió a cuidarse solo y empezó a cambiar su comportamiento. Antes de llegar aquí, él era súper tímido, casi no hablaba, lloraba cuando una persona extraña se le acercaba, era muy dependiente de nosotras. Cuando iniciamos en proceso en la Fundación, él solito se empezó a soltar un poco más, ya hacía varias cosas por si solo como bañarse y comer, era más amplio para hablar. Desde que entraba por la puerta saludaba a todas las doctoras y subía al segundo piso para hablar con el resto del personal. Una vez le pregunté ¿Qué te pasó ahí? Y él me dijo “Me quemé, pero solo fue un accidente y ya no me duele y ya sé que tengo que utilizar fajas para curarme rápido y poder jugar futbol.” El cambio ha sido del cielo a la tierra.

¿Qué mensaje le das a todas esas personas que en este momento están pasando por tu situación?

Yo creo que el consejo que les puedo dar es que una quemadura no está aislada solo para los niños. Esto puede pasar en cualquier momento, en cualquier lugar y de cualquier forma. Por eso hay quienes dicen que es mejor la seguridad que la policía. Entonces, el mensaje es cuidar a los otros, cuidarnos a nosotros mismos, cuidar a los niños, quienes son los que lleva las consecuencias de nuestro descuido y prevenir este tipo de problemas. Además, creo que este tema de las quemaduras no deberíamos verlo como algo lejano o ajeno a nosotros, sino ver que es algo que le puede pasar a cualquiera. A todas las personas quemadas les quiero decir que sus cicatrices no son sinónimo de discriminación, eso no te hace inferior a los demás. Todas estas dificultades pasan por algo y nos ayuda a ser más fuertes.

Finalmente, ¿Si tuvieras al frente a la Doctora Linda, la creadora de la Fundación del Quemado, ¿qué le dirías?

Yo le diría a la Doctora Linda que tiene un corazón muy grande… [sollozos]… Porque pensar en niños, que aún ni siquiera conoce, pensar en personas que ni siquiera ha visto, eso no lo hace cualquier persona. La misericordia que ella tiene espectacular: dedicar su tiempo, su carrera, este espacio, los mercados, las bendiciones que tiene con las fiestas, convocar a las demás doctoras y a todos ustedes que trabajan arduamente por nosotros, todas estas cosas que hace para devolverle la felicidad a aquellas personas que la perdieron por un descuido es digno de admirar. Le diría que estoy muy agradecida por avivar mi esperanza, por reconstruir la vida de mi hijo, por hacer de este país un mejor lugar.

"Vale la pena Vivir"

Doña Sixta

Doña Sixta, así le decimos todos en la Fundación. Una mujer hermosa, con su cabello oscuro, sus manos y brazos llenos de marcas de guerra y, con una sonrisa en su rostro; al verla irradia esperanza y valentía. Ella, es un bello ejemplo para seguir, una mujer arrolladora, emprendedora y solidaria. Tiene 40 años y a su corta edad tuvo 5 hijos. Desde que tiene memoria se ha dedicado a coser, su mayor pasión. Le gusta ver televisión, jugar con su nieto y confeccionar. Tiene su propio taller en la sala de su casa en Ciudadela Sucre, altos de Cazucá, Soacha. Uno de sus mayores sueños es agrandar aquel taller y seguirle dando empleo a madres cabeza de hogar que lo necesiten.

Un día como cualquier otro, con un cielo azul, rodeado de nubes; más exactamente el ocho de junio cortaron el gas en su casa. Ella tenía una estufa de gasolina, la cual la utilizaba en situaciones así. En ésta hizo el desayuno y el almuerzo, como de costumbre.

Aproximadamente, a las dos de la tarde, puso a calentar el tetero de su nieto Junior y luego, a hacer un tinto. Mientras tanto, doña Sixta se sentó a coser y le preguntó a su hija María donde estaba el niño, pero ella no supo darle razón. Empezaron a llamarlo y a gritarle “Junior” sin embargo, el pequeño no contestó.

Ella se paró, caminó hacía la cocina y vio al niño que estaba a un metro de la llama. Lo tomó por la espalda, con sus brazos y se lo lanzo a su hija, “María coja el niño”. Cuando soltó a su nieto, vio una flama gigantesca de candela, lo único que hizo fue cruzar sus brazos, ponérselos de frente y taparse la cara. “Hasta ahí me acuerdo”, dice doña Sixta.

La llevaron al Hospital Cardiovascular del Niño de Cundinamarca, ubicado en Soacha. El nueve de junio la trasladaron al Simón Bolívar, donde duró un mes y ocho días en coma inducido. Al despertarse, no podía hablar, sus piernas estaban dormidas y, aun así, recobro sus fuerzas para seguir luchando por su familia.

Pero como ella misma lo dice, “la oportunidad es s+olo una vez en la vida y se debe aprovechar”, conoció la Fundacion del Quemado, que ha transformado su vida. Cuando la pasaron a cuidados intermedios, los médicos le hicieron terapias porque la boca le quedó cerrada y le pusieron la máscara plástica. Doña Sixta, necesitaba más terapias. Pero en ese momento, la Secretaría de los Desplazados no dio la autorización para continuar con su recuperación.

Así que, la doctora que la atendía, le dió la dirección y el teléfono de la Fundación, ella llamó para agendar una cita y se la dieron. Desde el mes de septiembre ha asistido a terapias, los martes y miércoles. En éstas, la médica, le ayuda a estirar la boca, le hace masajes en sus manos, cara y brazos. “Me hace llorar”, dice Sixta, en medio de risas.

Ha sido un proceso doloroso, con altibajos, lágrimas y mucha felicidad al ver la pronta recuperación. En la Fundación los especialistas le han hecho dos cirugías, una en la boca, la cual le permitió hablar mejor. La segunda, fue el 14 de noviembre, en el dedo meñique de su mano izquierda con la que ha tenido mayor movilidad de sus dedos.

Para continuar con el tratamiento, dos días a la semana, doña Sixta, se viene desde Soacha hasta la Fundación, ubicada en el barrio Las Villas.

“Le doy gracias a Dios, porque cada día estoy mejor, porque hago las cosas por mi misma, muevo más mis manos (…) y porque mi nieto no se quemó”.

Doña Sixta, le tiene mucho aprecio y cariño a la FQ, ya que ha sido de gran ayuda y bendición que le ha llenado su vida.

“Me trae un carro particular de un vecino, yo le pago $50.000 pesos (…) es barato, él me recoge en la casa, me espera las dos o tres horas de la terapia y me vuelve a llevar”.

Física y emocionalmente se siente bien, con ganas de salir adelante. Es una mujer muy fuerte, sin temor a nada. Cuando sale a la calle prefiere salir sin gorras, ya que se ama y dice que es hermosa

“Yo soy berraca y no le voy a agachar la cabeza a esto, decir que si puedo (…) Estoy linda porque estoy viva y si Dios me tiene viva es por algo”.

“Fue tan sólo un accidente, no es echarle la culpa a una persona, para mí fue un accidente, mi cara quedó marcada, el día que yo me mire al espejo, oiga Sixta usted tan linda. Todo es cuestión de la autoestima, del cariño y el amor que uno se tenga, solo depende de uno”.

"La Fundación me da felicidad"

Juan Carlos Viveros

Juan Carlos un joven de 21 años nos cuenta que a los 11 días de nacido se quemó su cuerpo cuando se prendió un toldillo. Su brazo derecho, su mano y su rostro fueron afectados. Su primer tratamiento lo recibió en Pasto hace 4 años y se ha sometido a cirugías en su cara.

En las noches escuchaba La Mega del Pacífico y se quedaba hasta tarde. Escuchó a Sandra Téllez (paciente de la Fundación del Quemado), quién tuvo un accidente similar y dejó el correo. Él la contactó y obtuvo los números de la Fundación. Cuadraron todo para venir a Bogotá para hacerse una cirugía en su brazo derecho con la Fundación.

Juan Carlos cuenta que al llegar a la fundación en septiembre del 2015 recibió un buen trato y se sentía feliz. Todo el personal era muy amable y la colaboración de cada uno de los empleados que conforman la Fundación era asombrosa. Además conoció gente que había sufrido quemaduras como las de él.

“La Fundación se encarga de darle felicidad a una persona, una forma de brindar apoyo a quiénes no cuentan con los recursos para mejorarse de una quemadura. Busca ayudar a todos sin nada a cambio. Poder mejorar mi rostro y mi brazo, es mejorar mi vida. Es una familia donde uno se siente bien, no hay rechazos y te tratan bien.”

Juan Carlos, luego de tener una juventud difícil y ser desplazado por los paramilitares, decide unirse a Dios y actualmente hace parte de un grupo de oración y además trabaja como mensajero en una de las zonas rojas más peligrosas del país.

“La vida es muy bonita pero hay que vivirla al lado del Señor porque aparte de Él no somos nadie, no somos nada, podemos tener todo pero si no estamos con Cristo somos vacíos. Lo material no es suficiente para nosotros. Todo esto después pasará. En este mundo se sufre pero también se goza.”

"La Fundación es mi segundo Hogar"

Junior Alfredo Rodríguez Sánchez

Junior Alfredo Rodríguez Sánchez, un estudiante de Comunicación Social de 25 años y amante del futbol, cuenta como a sus 5 años se quemó su cara.

“Me quemé con gasolina. Esa noche mí madre estaba enferma, mi padre tenía que hacer la comida. Yo tenía demasiada hambre y mi papá no me quería dar comida. Estaba a oscuras y prendí el fósforo y el galón de gasolina estaba abierto y me chorreó gasolina. Al prender el fósforo, el tanque se prendió alrededor del fogón. Mi padre reaccionó y salió corriendo. Luego se devolvió, me sacó y empezó con una sábana a quitarme el fuego”.

Luego de quemarse su cara, Junior empezó a someterse a cirugías en el hospital Simón Bolívar.  Años después conoció la Fundación del Quemado. Fue uno de los primeros pacientes en ser atendidos por la Fundación.

“Uno como paciente es muy tímido. Llega uno con mucha inseguridad. Las secuelas no solo lo marcan a uno físicamente sino que lo apartan o lo cohíben de muchas cosas. Uno mismo se crea el estigma”.

Luego de someterse a múltiples cirugías para reconstruir su cara y cuerpo, Junior se siente muy satisfecho y agradecido por la ayuda que le brindó la Fundación para mejorar su aspecto físico y para salir adelante.

“La Fundación es mi segundo hogar, ha significado una gran ayuda para mi futuro. Me han colaborado a cumplir mis metas, a crecer como persona y a concientizarme. Enriquecerme de las experiencias de las otras personas que han sufrido quemaduras es, sin lugar a dudas, una experiencia de vida. Hoy en día trabajo para la Fundación y me siento muy agradecido con ellos”.

Junior finaliza diciendo que su trabajo como mensajero de la Fundación lo hace muy feliz y lo ayuda a cumplir su sueño de estar estudiando Comunicación Social en la Universidad Uniminuto.  Además dice que la Dra. Linda es una persona con un corazón muy grande y es un verdadero ejemplo a seguir.

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